Vayámonos a la cama. Mi madre iba a gritar, mi padre a verme, me iban a insultar, a llamar de todo, y me iba a caer el peor castigo de toda mi vida. Por desgracia, no pensé lo mismo cuando, a la mañana siguiente, tuve que explicarle a mi madre por qué estaba desnudo en su cama. Llené mis pulmones y dejé de respirar, mis gemidos se volvieron sordos, mi cuello se deslizó hacía atrás y, con un empujón fortísimo, pringué el interior de mi madre con mi propio esperma. En aquel momento, dejé de pensar. Vayámonos a la cama. |