Si las tetas de Nuria sabían a fresa, el coñito de Natalia sabía a miel, así de dulce lo tenía. Poco a poco, el volumen de la charla fue bajando, lo que me molestó mucho, pues escuchar lo que se decían aquellas dos guarrillas me estaba gustando bastante. Habría sido más cómodo salir del taxi y abrir la puerta trasera, pero a saber qué eran capaces de hacer aquellas dos si me salía del coche aunque fuera un segundo. Por fin, logré mi objetivo, sentándome en el asiento trasero en medio de las dos mozas, quedando Natalia a mi izquierda (tras el asiento del conductor) y Nuri a mi derecha con más espacio, pues estaba detrás del asiento del pasajero, completamente desplazado hacia delante. Y conociéndote, ¿cómo coño te dejan tus padres sola en casa? Para una putilla como tú no hace falta pasta para salir por ahí a liarla – dije. Su rostro, enrojecido por la excitación, tenía una expresión de lujuria como yo no había visto antes. |