– Es hora de dormir. Me quedé otra vez sin saber qué hacer, quieto y mirando el coño abierto de mi madre. Anda, hazle lo que me hacías a mí, que se lo merece. Cada vez, se la metía con más fuerza, deseado llegar más adentro. Aunque no sabía decir si mi pene era más grande que el de mi padre o no, esperaba que así lo fuera porque, con la edad que tenía, ya no me iba a crecer más y siempre es más bonito que los hijos superen a los padres. Mi madre comenzó a acariciarme con una mano las piernas mientras me chupaba el pene. |