Nos adentramos un poco y empezó la juerga, mi marido saco un antifaz de la bolsa y me lo puse, así, a ciegas, me guiaron por el bosque hasta que me hicieron parar, notaba como ellos me rodeaban y también como estaban atando mis muñecas con una cuerda, tiraron de ellas hasta dejar mis brazos completamente estirados, después ataron otras cuerdas a mis tobillos y repitieron la operación, me habían atado entre dos árboles, dejándome indefensa para ellos. Cuando llegamos la playa estaba prácticamente vacía, solo había algún hombre tomando el sol, así que desplegamos nuestras toallas, nos desnudamos y nos tumbamos dispuestos a pasar una tarde de tomar el sol, lo que yo no sabia todavía es que esto no es lo que Enric había. Recogimos las cosas y nos fuimos para el bosque de pinos que hay detrás, no me dejaron ponerme nada, así que iba completamente en pelotas hacia el bosque. Empezamos a charlar los seis y al principio todo iba bien, solo alguna mano que se apoyaba mucho mas arriba de mis muslos como el que no quiere la cosa, algún roce discreto en un pecho, pero nada importante, la conversación fue languideciendo y al ratito estábamos todos tumbados tomando el sol, cuando de repente, como si fuera la mejor idea del mundo Alex comento:Uf!!!, te estas quemando con este sol, será mejor que te ponga un poco de aceite. Sus manos se deslizaban por mi cuello, bajando muy lentamente hacia mis pechos, pero sin ninguna prisa, poco a poco sus manos llegaron hasta ellos y los masajearon lentamente, se entretenía en mis pezones, apretándolos ligeramente mientras los estiraba un poco. dispuesto para mi esa inocente tarde de playa. |