El estudio de Fernando Escalder era amplio y luminoso, un gran ventanal daba al infinito paisaje de la ciudad, era un penthouse en una zona pudiente de Madrid, la luz que traspasaba los cristales era espectacular, era un espacio idóneo para que un artista plasmara en sus lienzos los mejor de su arte. Tenia premura por terminar aquel trabajo, adelantábamos la publicación dada las circunstancias. Nos vinimos el uno sobre el otro, me derrumbé sobre su cuerpo sudoroso y así permanecimos por un buen rato hasta que Fernando me susurró al oído que debíamos ir a dormir a la cama. Se notaba que aquel hombre por encima de todo era un esteta su buen gusto lo irradiaba con si comportamiento sumamente majestuoso, era una delicia de amante. Fernando abrió un enorme frigorífico de dos cuerpos en acero y ante mi apareció una surtida selección de alimentos y bebidas de todas clases. Por esta señora no te tienes que preocupar, ni sabe donde vivo, ni tiene interés en que nos relacionemos mas de lo necesario, ella tiene su vida muy bien organizada y si te soy sincero, la boda jamás se va a celebrar, todo es una farsa. |