Podía sentir en toda esa zona más humedad que en el resto de mi cuerpo. En las garras de esta gente no volvería a ser libre…pero si que estaría satisfecha al ser tratada como me gusta que me traten. De pronto, sentí como la espalda comenzó a arderme sobremanera. Mis gemidos eran ahogados por Delta 8, cuyo nabo no dejaba mucho espacio en mi boca. Luego la sacaba, la llevaba a su ano, moviéndola cual serpiente, para relamer todo desde allí hasta su clítoris, el cual chupaba como si la vida se me fuera en ello. Ahora comenzaba a recordar mi experiencia en el hotel, en como las tres negrazas me sometían las tetas, la boca y el coño. |