Alguien se acercaba chillando. Asintió con la cabeza. Y esta vez, acompañada de su semen. La transformación me había pescado de sorpresa también a mí. Desde que le había dejado su novia, casi seis meses atrás, no se había comido una mala rosca y se aliviaba solo… no era de extrañar que tuviera esos sueños… Tío, voy a romper el pijama con ésta erección…, se dijo, aún en sueños, mientras miraba a la chica, a través de su ventana, que se desnudaba en la casa vecina. Ella le guiñó un ojo, y el joven intentó escapar, pero la habitación ya no tenía puertas ni ventanas. |