Nuri, no contestó, pero como el que calla otorga…Y tú, Ja…, digo, Natalia. Ella me entendió enseguida, por lo que se levantó del asiento, permitiéndome echarle un buen vistazo a su espléndido trasero, que llenaba a la perfección sus ajustados pantalones. Hija mía le dije – Si la chupas la mitad de bien de lo que insultas, esto va a ser realmente la ostia. No me negarán que me merezco una medalla por aguantar tanto tiempo aquel tratamiento de dos diosas. A Dios le pido que, si tengo una hija, jamás se le ocurra vestirse como las golfillas que veo pasar los viernes por la noche. No me negarán que me merezco una medalla por aguantar tanto tiempo aquel tratamiento de dos diosas. |