Me desperté agitado. Akesha vaciló. Entre los esclavos no hay distinción entre varones y hembras, ni entre niños y adultos, todos son esclavos. Suspiré. Pero no avancemos acontecimientos, Kamen ya llegará cuando sea la hora al final de su camino. O tal vez la primera pues pasé más horas junto a ella que junto a madre, y al igual que ella también me acariciaba los genitales, con la diferencia respecto a madre que ella no me castigaba, incluso se los llevaba a la boca y yo moría de placer infantil o preadolescente vertiendo mis sacudidas en su interior, pero no creía que fuera por eso que me sentía extraño ante la esclava aquea de madre. |