Pero no se rindió. La noche fue larga. En la última fase de su transformación, las hadas , ahora ya no las veía como tales, pequeños demonios, dejaron de recurrir a las visones. Mejor una compra para una semana o dos, hasta llenar el maletero y los asientos traseros del coche. Aquellos seres le transmitían paz, bienestar y confianza. Se coló dentro y removió el fondo hasta tropezar con un objeto duro, en forma de pera, de unos 50 cm de diámetro en la base y una altura de 75 cm, rematado por una pequeña cúpula. |