Pero en el camino observé que la habitación de Carlos y Helena estaba abierta, y con la luz encendida. Me integré al grupo al igual que lo hiciera Helena, restándole importancia al atuendo. En cuestión de senos, aunque no tenía un par como los de Helena, tampoco contaba con material para despreciar. Yo me inclinaba lo suficiente como para que pudiera observar mis senos mientras me hablaba, y jugaba con la liga de mis pantaletas para soñara con lo que estas guardaban. Cuando lo extrajo estaba todo lleno de flujo, y eso le encantó, se podía ver en su expresión dulce y juguetona. Hacía rato que quería que me lo hiciera bien duro, y él también quería probarme, pero habíamos llegado a un acuerdo tácito de goce profundo, y lo íbamos a cumplir a cabalidad. |