Me fijé en ti, reina Akesha. Incluso pasé por delante de dos de las muchachas que habían sido elegidas para asistir a la fiesta de la reina. ―El libio es un pueblo esclavo de mi Reino y yo soy su soberana. ―Mandaré que les corten una oreja – me contestó y volvió a apoyar la cara entre sus brazos cruzados – ¡Bak, mis pies, cielo! – le ordenó a su fiel esclava mientras los levantaba doblando las piernas por las rodillas y las agitaba un poco en el aire. Usem era Simut en esos momentos. Toda mi vida había visto a los esclavos postrarse ante cualquier miembro de la nobleza pero no por ello dejaba de gustarme. |