Todo lo que mi cuerpo quería revelar tan cargado desde dentro, se expresaba con sumo descaro cuando tú llegabas cada madrugada… en aquellos mensajes exclusivos, eróticos y tan penetrantes. El morbo era máximo en cada velada, de no conocernos en absoluto y al tiempo saber al dedillo cada una de nuestras debilidades, todos y cada uno de nuestros puntos débiles. Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes. El morbo era máximo en cada velada, de no conocernos en absoluto y al tiempo saber al dedillo cada una de nuestras debilidades, todos y cada uno de nuestros puntos débiles. Todo lo que mi cuerpo quería revelar tan cargado desde dentro, se expresaba con sumo descaro cuando tú llegabas cada madrugada… en aquellos mensajes exclusivos, eróticos y tan penetrantes. A veces no me creía ver a mi misma. |