La verdad es que las dos maduras que me acompañaban en la comida estaban muy bien y me sorprendió pensar eso de mi madre. No recuerdo cuanto tiempo estuve haciéndole aquel estúpido seguimiento, pero una mañana de sábado estábamos mi madre y yo en casa. ¡Danos cariño y amor! – Pedía Maite mientras se sacaba sus tetas para ofrecérselas a él. Vale, Eduardo quédate aquí mientras volvemos pues estoy esperando una llamada de tu abuela para que me diga algo importante. Primero volví a los libros donde lo ocultó la primera vez, pero lógicamente ya lo había quitado, si era lo que imaginaba, no querría que mi padre lo encontrara. Paré la película, estaba temblando demasiado al ver como mi madre y su amiga intentaban tener sexo con un joven desconocido. |