Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones. Ninguno de los habíamos protagonizado antes una pasión tan desenfrenada de un encuentro en vivo… y en. Todo lo que mi cuerpo quería revelar tan cargado desde dentro, se expresaba con sumo descaro cuando tú llegabas cada madrugada… en aquellos mensajes exclusivos, eróticos y tan penetrantes. Me fui dispuesta a la cita, sí… pero antes de cruzar la puerta de aquel café, las dudas me invadieron, todos los miedos me acecharon, aterrada de ver que nuestros sueños pudieran desmoronarse como un castillo de naipes, que de una vez por todas se alejaran nuestros sueños anhelados, todas esas dulces sensaciones. El morbo era máximo en cada velada, de no conocernos en absoluto y al tiempo saber al dedillo cada una de nuestras debilidades, todos y cada uno de nuestros puntos débiles. Nuestros cuerpos hervían, cegados por nuestra unión virtual, para hacerla casi, casi tan real, como si estuviéramos literalmente tocándonos, lamiéndonos, atrayéndonos… tal y como lo describíamos en nuestros mensajes calientes. |