Pasaron varios días, y yo siempre hacia la misma ruta y el mismo horario, pero como no tenía ni idea de cómo era esta persona, siempre me encontraba a la expectativa de ver si sucedía algo en el corto trayecto. Cierto día se sitúo detrás de mí un hombre de unos 40 años, que en un principio no me percate de su aspecto, pero automáticamente note que algo duro se situaba muy pegado a mí y empecé a intuir que eso no era normal, aunque no tuve demasiado tiempo a pensar, pues solo había dos paradas desde que me montaba hasta llegar a mi destino donde apearme. Para cortar un poco la tensión me dirijo a él y le digo. No recuerdo haberte visto antes coger esa línea de metro. Para cortar un poco la tensión me dirijo a él y le digo. Y así fue al poco rato no me pude resistir y después de un aullido solté el primer chorro de leche que fue a parar al interior de la garganta de mi gran amante que fue engullendo para no derramar ni una gota. |