Esta es nuestra historia. Me paré frente a ella y con delicadeza la tomé por la cara. Poco a poco el miembro de mi esposo se fue haciendo espacio entre los pliegues de la cuquita dilatada y mojadita de Helena. Pero aunque me sentía preparada para una noche de acción y nuevas emociones, nada me habría prevenido para lo que estaba a punto de ver. Me descuidé no más de dos o tres segundos, y eso fue suficiente para que Carlos me pegara contra una de las paredes de la habitación. Carlos, que no había sacado ni movido su miembro, comenzó a subirlo y bajarlo suavemente, y Alberto lo imitó. |