Saboreé ese maravilloso miembro de un grosor y longitud muy apetecible, no era inmenso pero si contundente, rodeado de vellos largos y oscuros, su rosado ano se encogía al sentir mi lengua untándolo de mi saliva, también jugueteaba pasando mi lengua desde su orondos testículos al ano saboreando y dándole un inmenso placer en su perineo. Llegué un poco demorado a la oficina, mi jefe me esperaba con cara de pocos amigos. Desgraciadamente en esta vida soy un producto que hay que vender, mi arte está expuesto a las conjeturas de unos cuantos expertos que deciden que y como se vende, ellos deciden el precio de un cuadro mío, quien lo compra y que se vende. Ahora que me daba cuenta, con las prisas ni nos habidos dado el teléfono, todo había sido una noche de sexo y mentiras. Me gustaba demasiado, no podía decir adiós muy buenas, deseaba estar con el y decidí sobre la marcha que apostaba por nosotros. Fernando me ganaba en la batalla de la seducción sin querer me estaba poniendo cachondo, en mis entrepiernas mi verga latía tan solo con la presencia de ese hombre que sin saber porque me sacaba de mis casillas y todos mis parámetros hasta hoy perfectamente controlados se iban a la mierda. |