¿Por qué no hablas? preguntó. Por favor, saca la mano, estoy junto a mi casa – le pedí. Cuando llegué a casa ya estaba mi marido, me saludó con un beso y cogió a la niña en brazos, bañé a la niña mientras oía a mi pareja trastear en la cocina. Mientras hablábamos recordé como en escasos meses había cambiado la mía y me estremecí, en ese mismo momento mi coño rezumaba jugos después de que me hubiera follado un perfecto desconocido y al día siguiente mi cuerpo iba a estar a disposición de mi esposo y de uno de mis amantes; sentí como mi vientre temblaba y mi coño se humedecía, estaba totalmente ausente, oí la voz de mi hermana:Daría cualquier cosa por saber que piensas… seguro que nada bueno. Aguantaba como podía mis gemidos mientras mis manos apretaban con fuerza la barra del cochecito…Te lo suplico… no me hagas esto… le pedí¿Seguro que no? – preguntó a su vez mientras sus caricias se hacían mas fuertes y profundasYo, instintivamente, había abierto las piernas hasta donde me permitieron las bragas y mí pecho se agitaba libremente bajo mi vestido. Eran las siete y decidí vestirme y dar un paseo con la niña, pensé en Víctor cuando elegía mi ropa interior y me decidí por una pequeña braguita blanca que lo transparentaba todo, un vestido de punto con amplio vuelo completaban toda mi indumentaria, me contemplé en el espejo y me gusté, no tenía intención de volver a la zapatería, pero… ¿y si cambiaba de opinión?. |