Como una bala por un presentimiento, dirigir una de mis manos con disimulo hacia mi pubis, tocándome inicialmente por encima de mi falda, pues era tal el flujo que sentía en ese momento que ignoraba sí era flujo o sí me había orinado encima. Os juro que de mi boca no salió palabra alguna, pero mi curiosidad pudo conmigo mientras mis dedos continuaban entre mis piernas, ya no sobre mis húmedas braguitas sino por debajo de está, dentro de mi encharcada vagina moviéndose al compás de las escenas. Por lo que una vez más tranquila, me fui acomodando en el sillón, poniéndome lo más cómoda posible, pues eran de esos que te chupan nada más sentarte, por lo que me recosté hacia atrás de manera que pudiera visualizar mejor aquellas escenas de placer. Observé a un chico el cual nada más mirarme me sonrió, caminando este hacia el fondo de la tienda, pasando a través de un arco y girando hacia la derecha, mi curiosidad me hizo seguirlo observando que tras ese arco, solo había un largo pasillo franqueado por puertas, desapareciendo este por alguna. Tras pasar por la puerta que mi primera intención era no dar demasiado la nota, mirad como fue la cosa que la dichosa puerta tenía colocada una de esas campanillas que suenan nada más entrar, quedándose el personal presente mirándome. Y tenía esa ansiedad de tener a un macho cerca (ojo, panda de cabrones, que se lo que estáis pensando…). |