Se los puse en la pantalla y pude contemplar su agraciada sonrisa cuando los leyó. Pensaba además que el envío de uno de mis relatos no contraprestaba la prometida admiración, ni el disfrute de contemplar el cuerpo de aquel serafín sobre la tierra. Se la daría el título de DAVID DEL SIGLO XXI y se colocaría en el centro de una plaza pública de Florencia aún sin designar. ¿De verdad escribes relatos gays en esa página? intentó cambiar el sesgo de la conversación ante tantas alabanzas por mi parte. ¿Por qué me preguntaba los más bellos momentos vividos, cuando son recordados al cabo del tiempo, son tan breves?Para evitarlo, puse a todos mis axones en estado de alerta para que el inalcanzable e irrepetible nirvana que estaba sintiendo al pajearme mirando el cuerpo más hermoso que nunca contemplé, quedase escrito mediante los signos que el cerebro utiliza y guardado en el secreto lugar donde la mente esconde las ensoñaciones placenteras, los momentos felices, los deseos agradables o los recuerdos inolvidables. Siento tanta admiración hacia esta estatua que si hubiera tenido ocasión de elegir un nombre cuando en la pila del bautismo me impusieron el que ahora disfruto, sé que me llamaría David. |