Ana me miró con ojos de odio pero con una lujuria que no había visto antes en ella. Una vez la llame zorra mientras follábamos y se paró para darme una bofetada. Al poco tiempo sonó el timbre y Ana se paralizó. Cuando se puso de pie pude ver que tenía los muslos y todo el culo empapados de sus flujos. Le recordé a Ana de las fotos antes de que protestara y salió rápido a la ventana. No lo podía creer, así que antes de que cambiara de opinión le pedí que se quitara los pantalones y que se tumbara en la cama. |