No habrá prisa: tendremos todo el día por delante y estaremos dulcemente excitados. La tersura de tus manos, la firmeza de tus formas, la dulzura de tu lengua y el olor de tu sexo me llevaron al siguiente paso: te acosté boca abajo, bajé tus bragas, abrí tus piernas y hundí entre ellas mi boca y mi nariz, para aspirar y paladear tus olores y tus fluidos. En el pasillo, el tirante de tu body se deslizará, dejando completamente desnudo tu hombro, a merced de mi boca y mi lengua, que lo harán suyo mientras una de mis manos abrirá la puerta y la otra acariciar tus nalgas, por encima de la blanquísima braga. Media cuadra después, en la puerta de un hotel, jalarás mi brazo y, dándome vuelta, me besarás. Y entonces todo se convirtió en verdad y transitamos por el presente hacia el futuro, quedando esto en el pasado, siempre perfectible, porque, entonces, me desvestiste. Gemías, mientras mis dedos y mi lengua se paseaban a placer por tus intimidades. |