Inmediatamente su lengua se hizo dueño y señor de mi agujero que deseaba intensamente ser penetrado por su gruesa verga. Enrique me convenció de ir al mismo gimnasio suyo, que queda en el mismo centro empresarial donde tiene su oficina. Se arrodilló frente a mí mientras bajaba mi interior y liberaba finalmente mi verga que estaba por estallar. Cuando mi culo ya tenía cómodamente tres de sus dedos, se retiró de mi. En una mezcla de agilidad y locura, Enrique barrió con todo lo que estaba encima de su escritorio mientras hacia que me recostara de forma tal de dejar mi culo expuesto hacía él. Yo convulsionaba por el orgasmo, mientras él cuidada de no dejar caer una sola gota de semen. |