Esa fueron las palabras de aliento de mi jefe, el muy cabrón me encargaba de realizar un reportaje a ese tiparraco engreído que pintaba de puta pena, como verán no me era grata la figura de Fernando Escalder, un pintor que subía como la espuma, cada uno de sus cuadros valían una pasta y cualquier coleccionista que se precie debía tener al menos una obra de este mocoso que veía el mundo desde un pedestal. Antes de empezar la sesión fotográfica, Fernando apareció en la sala con una bandeja enorme con toda clase de bebidas, café, te, refrescos, agua mineral y una fuente repleta de sándwiches de diferentes clases. Sus brazos se enroscaron en mi cuerpo y me sentí seguro abrazado a el, no había temor solo serenidad ante aquel hombre que me tenia subyugado. Ahora que me daba cuenta, con las prisas ni nos habidos dado el teléfono, todo había sido una noche de sexo y mentiras. Sirvió dos whiskeys y me lo alcanzó donde estaba y bebimos lentamente a sorbos cortos de ese fuerte licor, había puesto música clásica, quizás Chopin, no sabia en ese momento diferencias la noche del día, el frío del calor, mi aturdimiento emocional era magnifico, me sentía agtstísimo junto a Fernando. Fernando sonrió y sin decir nada, me empujó para que saliera de la cama y me llevó de nuevo al salón. |