Cogí mi camiseta y la limpié. Esto pareció consolarla. La dejé que siguiese jugando mientras yo permanecía descansando en el sofá. Cuando la cortina se abrió mis ojos hicieron lo propio, contemplar el precioso cuerpo de la madre con el bikini de color naranja estampado que se había puesto. Ya por la noche cené y me fui a dormir rápidamente, hasta mi madre se sorprendió, pues normalmente me iba a la cama muy tarde y nos quedábamos viendo la tele. Me quedé dormido y al despertar miré el reloj sobresaltado, pensando que mi madre podía volver en cualquier momento, sólo había pasado media hora. |