Creí que todas se habían ido. Me llené la boca con esas tetas deliciosas mientras rodábamos por el piso, con las piernas entrelazadas. Estábamos desnudas, frente a frente, y yo no sabía si íbamos a amarnos o a golpearnos. Estuvimos un larguísimo rato pegadas desde la mejillas hasta los pies, hasta que me quedé dormida. Nos atacamos al mismo tiempo y terminamos revolcándonos por el piso, refregando los muslos contra las rajas hambrientas, furiosamente abrazadas. Rato después, tirada en el suelo mientras me recuperaba, el estar separada de Melina me produjo una extraña sensación de vacío. |