Entendí entonces que quería más así que la complací, me arrodillé ante ella y hundí mi lengua entre sus pelillos. La saludé y ella me dio las gracias por cuidar a su hija. Rápidamente di un respingo y salté del sillón, mi corazón estuvo a punto de salírseme por la boca, si no llega a ser por que la cerré e intenté tragar la poca saliva que me quedaba, se me escapa. ¡Se había manchado con algo de sangre y lo peor es que había manchado mis sábanas! No importa luego las cambiaría. Cuando entré en casa mi excitación me hacía cosquillas en el estómago pensando en un plan para saciar mis ánsias de carne con Luisa. Sus jugos estaban salados, no estuvo mal su sabor, seguí comiéndoselo mientras ella se contorsionaba y jadeaba, hasta que noté como se tensaba su cuerpo y entonces supe que se había corrido también. |