También yo lo estaba: percibía la humedad de mi vagina mojando la diminuta tanguita. Me tomó de la mano y guiándola con la suya la pasó por su entrepierna. Mientras tanto con el dedo índice de la otra mano me frotaba el clítoris que ya asomaba por completo de su capuchón por la gran excitación. ¿Casualidad o causalidad?. Pasaba sus manos empapadas de agua por mi rostro, y si bien los mareos ya habían cesado, él seguía refrescándome… sacó su pañuelo y me secó. Mientras, acariciaba mi rostro suavemente. |