Me senté e introduje el disco. Mi madre temería que lo viera mi padre con lo que el lugar más seguro era donde nunca tocara. La imagen de mi madre mamando y de Maite que sacaba la leche de él de su coño me volvió a excitar y aceleré las caricias que me daba en el pene y descargué mi semen en un trozo de papel que había preparado. Allí seguro que mi padre no tocaría y yo tampoco. Además era incansable, no bajaba el ritmo y hacía que Maite tuviera un orgasmo tras otro de forma incontenible, sus gritos inundaban toda la habitación. ¡Hola Maite! – escuche desde el salón hablar a mi madre. |