Pues anda que yo, concluyó Nuria. La chica, en un último esfuerzo por colaborar, se apretó las tetas, estrujando mi falo entre ellas con fuerza. La chica iba metiéndose en situación. Siguió lamiéndola unos segundos, humedeciéndola bien, antes de decidirse a introducir el glande entre sus carnosos labios, lo que me trasportó a un indescriptible universo de placer. Ya habíamos tenido suficiente. Llevar jovencitos es casi siempre una mierda, pues a los inconvenientes que mencioné al principio, se unía el que los jóvenes no tienen un duro nunca, así que podías olvidarte de la propina. |