Con manos expertas Carlos se deshizo de las minúsculas bragas y con dedos magistrales fue describiendo círculos sobre el clítoris de ella para luego introducir dos de ellos suavemente en su vagina sintiendo la tibieza y humedad del interior inmediatamente. Y así fue como ambos al llegar al orgasmo sintieron que se precipitaban en una ingravidez en la que solo se es consciente de tu sexo: punto concéntrico del éxtasis. Aquello empezaba a tomar un cariz de lo más extraño, pero a Helena no le importaba; algo en él la incitaba a dejarse llevar y simplemente esperar el momento siguiente. Necesito sentirte dentro, muy adentro. A estas alturas su mente había dejado de razonar y solo se guiaba por sus más básicos instintos. Los dos se ondulaban al mismo compás, potenciado y acelerado hasta el frenesí;haciendo que con cada uno de esos movimientos estuvieran más cerca de un clímax que parecía ya inminente. |