Seguíamos tan encendidos como al principio. Pensé en aguantarme las ganas pero no pude resistirme a semejante tentación: estando a escasos centímetros de esos labios era el momento y fui yo en busca de esa boca carnosa que parecía estarme pidiendo por favor… al posar mis labios en los suyos nos fundimos en un largo y caliente beso. Nos reincorporamos y nos besamos como sellando la pasión encontrada. Asentí con la cabeza, no tenía muchas ganas de hablar. No se tardó en venir, y me sorprendió con una gran lechada, que con gusto bebí, relamiéndome con las últimas gotas que chorreaban por mi comisura. ¡Me contentó! Y le agradecí aquel gesto para conmigo. |