Salí del baño ocultando los sostenes y con el pecho más marcado en la blusa que de costumbre, mis aureolas rosaditas se transparentaban totalmente. Me llevé sensualmente la pajita a los labios y aspiré notando el tenso silencio que se había hecho a mi alrededor. Me encanta. Sorbí con ganas el zumo, y al separar los labios derramé algunas gotas, que fueron a parar a mi barbilla y sobre la blusa. Jaime me ofreció unos pañuelitos de papel, y procedí, lentamente, muy lentamente, a tratar de recoger las gotas derramadas sobre mi barbilla, alzando la cabeza y mostrando mi busto. Ajustaba mi minifalda para asegurarme que mi kulito quedaba bien prieto y se mostraba cada curva sin llegar al inicio de las nalgas, pero casi. |