Si luego le follé su coñito a empellones con desesperación, hasta que alcanzó eses escandalosos orgasmos que ella tenía. sus labios de cereza me comía la polla como una posesa, succionando, lamiendo, chupando, con esa lengua que tan cachondo me ponía. No, no, no puede ser. ¿Cómo me ha podido pasar esto? No puede ser, no puede ser, no puede ser que Gabi está muerta. Si luego le follé su coñito a empellones con desesperación, hasta que alcanzó eses escandalosos orgasmos que ella tenía. ¡Dios mío!, ¿Qué voy a hacer? ¿Dónde está mi revólver? Lo tenía aquí en la caja fuerte. |