Vueltas sencillas. Como rara vez se consumía agua mineral en la casa, estos refrescos estaban hasta el fondo del mueble y para sacarlos tuve que estirar las manos y para mantener el equilibrio en zapatillas, levantar un poco la cadera. Me cayeron bien las cubas. Y después de escucharlo varias veces hablar de lo mismo, supongo que debido a la gran cantidad de alcohol que tenía en la sangre y que inhibió la parte frontal de mi cerebro; a que ya tenía un plan previo; y a que finalmente, me sentía en confianza con mi amigo, de pronto me levanté el sillón, levanté las cosas que estaban en el sofá, y me metí con ellas a la recamara. Cuando llegué allí, Pedro ya las había visto. Realmente nunca había esperado esto. |