Se respiraba en el ambiente que todos tenían en mente reservar fuerzas para lo que les deparara la noche. La chica, en su pecho tenía la marca nítida y pálida de la parte superior de un bikini, lo que me pareció una gran incoherencia. Sentada sobre el lavabo había una meretriz negra (que sólo llevaba puestos unas medias blancas y unos zapatos de aguja) cuyo abultado culo ocupaba prácticamente toda la cavidad del lavabo. El muchacho se iba soltando en un terreno que siempre parece ser pantanoso o tabú, más todavía con un perfecto desconocido—. Tenía unas cejas en forma de coma y una mandíbula poco pronunciada que nada tenía que ver con las mandíbulas cuadradas de las modelos de los anuncios de champús, pero no eran precisamente sus genes lo que me interesaba de ella. Me desprendí deprisa de la ropa que exclusivamente yo podía ver, hice un revoltijo que dejé en un rincón, y, en silencio, puse el pestillo para que el televidente no interfiriera en el obsceno plan que había tramado. |