Yo ya sabía lo que había ido ha hacer, su cara reflejaba la placidez después del desahogo, y entonces decidí ser todavía más perversa y me acerqué a su mesa cuando se sentaba para comentarle algo de sus contratos en curso. Procuraba llevarme siempre una carpeta con muchos papeles, me ajustaba la blusa para que se marcaran bien mis pechos, sólo al hacerlo mis pezones ya se erguían de la excitación, de sólo imaginar lo que venía. Una vez en el baño me abrí la blusa y me la quité para tratar de limpiarla. Realmente me sentía acariciada por ellos, sus miradas me recorrían empezando por los labios brillantes, seguían recorriendo mi cuello, llegaban a mis pechos y seguían su forma acariciándolos, se paraban un momento en mis marcados pezones para seguir por sus sensuales curvas hasta mi cintura, perfectamente marcada por la minifalda. Los pezones se me marcaban sobre la tela humedecida y parecía que fuese desnuda, más todavía, si no llevara nada no habría misterio, así era todavía más excitante. Al poco, como si de repente me percatara de ello, alcé la barbilla, con lo que las gotas resbalaron por mi cuello hasta mi escote. |