De inmediato me dirigieron a la habitación, Mike tomándome de la muñeca derecha y John detrás, empujándome, susurrando tranquilo me decía voy a estar ahí y el no sabia que era eso precisamente lo que me ponía tan tremendamente mal. Comencé a salir con Mike como un primer intento de negación, John estaba feliz por mi, pero si yo no amaba Mike y me negaba a creer que John no se interesaría entonces sucedería, y sin darme cuenta me sumergí en el complejo mundo de mis paradojas personales y me deje llevar, tan lejos como podía haber llegado, es decir, hasta que Mike quiso llevarme a la cama. Cuando por fin me la quite dejándola pulcramente doblada en una silla que había cerca de la cama, proseguí con el lento ritual de desvestirme, me quite el cinturón, los zapatos, los calcetines, el pantalón, todo tan lento, tan pausado, tan tremendamente desesperante para Mike, que me miraba casi suplicante, pero sin decir una palabra, por fin, me puse de pie y para mi sorpresa, y creo que un poco de horror electrizante, John se acerco, me beso la frente y me quito la camiseta, sentí el contacto de sus manos en la piel del torso, se me puso a piel de gallina, me sentía tan incomodo ahí frente a el, solo con la ropa interior, mientras el conservaba toda la ropa puesta, era un poco injusto ¿no les parece? Mirándolo a los ojos me deshice de la ultima prenda y sonrojado termine por desviar la mirada mientras el me recorría, desnudo, frágil, vulnerable. John se aparto y se sentó en un extremo se la habitación. La verdad es que Mike se veía encantador, atlético, alto, con ese cuerpo delicioso que se carga, soberbio, pero por Dios que no lo amaba, y me revolvía el estomago pensar en eso. John prácticamente me empujo adentro, me había quedado ahí parado como idiota, envuelto en la bruma de mis confusos pensamientos, reprimí las ganas de gritar y largarme, deje que ambos me guiaran. |