Me sorprendió su valor. Solté un suspiro de alivio al ser sustituído por el relevo a media tarde. no quería. Amek se arrodilló ante mí, se prosternó con las manos extendidas y tras besar mis pies me informó que la señora Tajura hacía cosa de una hora había partido en su esquife hacia las propiedades de su familia en Al Fayum. Mis ojos se posaron en los anillos de oro que cubrían varios de sus deditos, en la ajorca de electro, marfil y rubís que realzaba su delicado tobillo y en el reluciente barniz que cubría sus bien cuidadas uñas. La pequeña Dimi iba de madre a mi hermana como si se pasaran una muñequita, que eso era lo que parecía, una pequeña muñeca como esas que hacían los artesanos y que los padres compraban para sus niñas. |