El metro poco a poco fue bajando la gente y el espacio era cada vez más holgado, así que me arme de valor y me di media vuelta para enfrentarme cara a cara con mi hombre desconocido. Yo no paraba de pajearme hasta conseguir expulsar el primer chorro de semen que cayo encima de mi pecho, seguido de un resoplido de placer y varios compulsiones que fueron calmándose después de tres o cuatro trallazos más, me limpie con un clinex y me dormir soñando que al día siguiente podría coincidir nuevamente con este hombre que me había echo vibrar y cuya fisonomía desconocía. Estuve todo el día dándole vueltas a la cabeza, pensando si aquel hombre que estaba detrás de mí me estaba restregando su polla en mi culo, o si era imaginación mía. Habían trascurrido tantos días que ya se me había olvidado el incidente, así que un día normal y corriente me dispuse a subir al metro con la avalancha habitual de todos los días y a la que se pone en marcha el tren empiezo a notar detrás de mí esa presión que no era lo normal de otros días, y noto algo que va creciendo y endureciéndome, yo inmóvil como un estatua, mi corazón se aceleraba y mi nerviosismo era cada vez mayor. Ningún problema Jaume, como si estuvieses en tu casa, yo aprovechare para cambiarme de ropa. No tardamos demasiado en llegar a su domicilio, subimos en el ascensor hasta la planta tercera y entramos en un apartamento, que solo entrar se encontraba un salón comedor con una cocina americana y una puerta que daba a su habitación donde se encontraba el cuarto de baño. |