Como no era ya una joven le dije que mi ropa no podía ser la de una jovencita que dejara que yo escogiera lo que mejor me quedara, al final llegamos a un acuerdo, yo escogería mi ropa y el la lencería, eso hizo que se inclinara por tangas y por hilos dentales. Pelo corto, negro, talla 32 pero casi llegando a 34, eso es un poco llenita, aunque no una mujer panzona, mis pechos son talla 34 c y mis caderas son amplias, firmes todavía, el dice que lo mejor de mi es mi trasero, así que no me veía tan mal todavía, por mi cara todavía no pesaban mis 48, no había arrugas aun. De pronto mi marido se paró y dijo que iría por su cartera para dar el pago inicial, aunque yo sabía que siempre la carga con el, se subió a la planta alta y me dejó sola con el vendedor, empezó a hacerme plática trivial, pero observaba que bajaba la vista cada que podía, me mostró un catálogo de ropa de mujer y me lo acercó, yo me estiré para agarrarlo a lo que mis piernas se abrieron un poco mas y creo que vio algo mas por que enseguida bajó la vista a ellas. Me quedé como ida, solo respirando agitada, y con la cabeza escondida entre las sábanas, como me vería ahí tirada en la cama, con la blusa y falda enrollada en mi cintura y mis pequeñas pataletas hechas a un lado de mis nalgas, toda embarrada de semen escurriendo por mis dos aguejros, los oí vestirse mientras murmuraban cosas como, que rico culito tienes, eres una rica putita mamita, una pitita caliente y arrecha. Sí, me gusta, sigue fue mi respuesta ya perdida en el placer que me provocaba,Quieres mas verga, putita, dime, quieres mas verga? me decía. En algunos pasajes de mi vida usé una que otra pantaletita más pequeña, ya sea por que mi esposo se atrevía a comprármelas y yo lo complacía en usarlas o por que me animaba, pero nada mas hasta ahí. |