Miré a mi alrededor y los vi a todos expectantes, babeando con mis posaderas. Entró en el despacho y dejó los papeles que llevaba encima de una mesa redonda para reuniones (pequeña, sólo cuatro sillas alrededor). Lo cierto es que mis argumentos eran de peso, pero parecía que los argumentos de verdad eran los dos pechos frente a su cara ;). Les dije que yo podía y me citaron para la entrevista. Apareció Don José, un hombre maduro, con algo de barriga y bigote. Miré a mi alrededor y los vi a todos expectantes, babeando con mis posaderas. |