Parecía. Estuvimos un larguísimo rato pegadas desde la mejillas hasta los pies, hasta que me quedé dormida. Me senté y la vi también sentada, con la concha sucia de flujo mutuo entre las piernas abiertas. Soy profesora de aeróbic y doy clases en el ultimo turno, así que cuando termino, soy la que cierra el gimnasio. Me miraba con ojos muy abiertos, mientras respiraba jadeante, como un animal a punto de atacar. Entonces se tocaron los labios, muy suavemente, luego un poco más y luego fue el turno de trabarnos en un tímido duelo de lenguas, para terminar, quien sabe cuando, chupándonos boca a boca con desesperada furia, hasta que acabamos por ir al suelo donde nos revolcamos salvajemente, mordiendo, besando, tironeando y acariciando. |