Para mi sorpresa y estupor, si es que todavía podía sorprenderme, puso sus manos en mi trasero y separó mis nalgas dejando el hueco necesario para que su boca pudiese continuar besándome. Menuda sorpresa me llevé cuando, desde la puerta entreabierta del comedor, pude ver como mi padre se la metía a mi madre sobre el lugar donde normalmente mi hermano pequeño y yo nos sentamos a ver la tele. Dijo mi padreMe trataban como si estuviese comenzando a caminar o a montar en bici y, en lugar de disgustarme por ello, me excitaba más. Hundí mi cabeza entre ellas y volví a chupar como cuando era un niño. ¿Qué era lo que me iba a hacer? Me pregunté con algo de terror pero no tuve tiempo de hallar una respuesta porque se me escapó un gemido casi tan alto como los que antes habían dado ellos cuando mi madre, sin ningún pudor, se metió mi pene en su boca. Los dos suspirábamos de gusto. |