Decía, que la prueba del mostrador me da una idea aproximada de las reacciones que puedo esperar por parte de la clienta. P4R. Con la poca luz que dejaban pasar las cortinas, sólo se apreciaban con nitidez unas piernas enfundadas en medias de seda hasta medio muslo rematadas con ligas y, a partir de ahí, unos muslazos de marfil: la viva imagen del vicio. En resumen, que tras dar los tres pasos que había desde la puerta a la ducha, tenía ya la polla apuntando al objetivo. Con tanto meneo, aún después de haberme quitado la camiseta y los pantalones sin velcro, empecé a sudar como un cerdo. Llámame, tenemos que hablar” manuscrito y la marca del pintalabios enmarcándolo todo. |