Entonces iniciaba las fotocopias, mientras hacía como que esperaba durante las pausas de la máquina. Al poco, como si de repente me percatara de ello, alcé la barbilla, con lo que las gotas resbalaron por mi cuello hasta mi escote. Entonces iniciaba las fotocopias, mientras hacía como que esperaba durante las pausas de la máquina. Entonces abría el armario contiguo donde guardábamos el papel y rellenaba el cajón de la copiadora mientras frotaba una pierna contra otra excitándome y humedeciéndome mientras notaba cómo mi vulva se inflamaba con el deseo y se abultaba entre mis piernas. No hice movimiento alguno y dejé que las gotas rezumaran. Con el paseo hasta la impresora ya me humedecía. |