Pero tuve que cortar porque llamaron a la puerta. Mmmmm. Introduciendo un par de dedos que supo mover muy bien, metiéndolos y sacándolos y así sucesivamente susurró. Mirándolo a los ojos y sin perder ritmo, fui devorándome su gran pedazo, desapareciendo casi por completo en mi boca. Sólo se escuchaba el chasquido de sus dedos empapados, ese ruido tan característico cuándo la vulva está completamente extasiada y dilatada. ¿Quién será?, pensé… No me quedó más alternativa que colocarme la bata e ir a atender. |