Pues me ha gustado que me acompañes a probarme vikinis afirmó ella mientras cortaba un poco de pan. Un rato más tarde fui yo al servicio, y cuál no fue mi sorpresa cuando vi que mientras mi chorrito amarillo se perdía por el blanco nacarado de la taza del váter, unos ojos me espiaban. Me decidí a levantarle la falda y acaricié sus muslos blancos y suaves, ella seguía sin protestar, lo que me animó a separar sus muslos para verle mejor las bragas y su coño. Poco a poco la iba moviendo adelante y atrás, sin meterla mucho, Luisa empezó a disfrutar, así que seguí y seguí, y casi sin darme llegué al orgasmo, la saqué justo a tiempo y me corrí en su barriguita. ¡De buena gana se lo hubiese dado yo con lengua! Lo bueno de ir a comprar un bikini es que la mujer nunca se prueba el primero y se lo compra, se prueba todos los que puede, así que ese día la ví con múltiples modelos y aprecié con gusto su sabroso y prominente culo y tetas. Cuando terminé me volví con ella al salón y a partir de este momento por mi mente no dejaron de pasar ideas para engatusar a mi vecina y hacer guarrerías con ella. |