Disimulando un inexistente sueño. Junto a mí, calladito. ¿Puedo?Casi no se atrevió a mirarSu cabeza hizo un ligero gesto afirmativo. Ahora fui yo la que me hice la dormida. ¡Qué delicioso el paseo de sus dedos hasta alcanzar mi entrepierna!¡Qué increíble el placer de su excursión sobre el encaje negro y mojado!Cuando por fin le invadió el valor y su mano apartó la falda para reconocerme en el vientre y bucear bajo las telas caladas, creí desmayar con la respiración entrecortada. Finalmente penetró dulce y el dulce masajeo se prolongó creciendo en el tiempo. |